En su reflexión para este V Domingo de Pascua, el obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, Felipe Bacarreza Rodríguez, profundiza en el significado de la cruz como glorificación, y del amor como medida del verdadero discipulado cristiano.
En su comentario al Evangelio del próximo domingo (Jn 13,31-35), nuestro hermano Felipe destaca el contexto en que Jesús pronuncia una de sus afirmaciones más potentes: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él”. Esa glorificación ocurre –precisa el obispo– en su muerte en la cruz, “porque en ese acto el amor llegó al extremo; no es posible un amor mayor”.
El amor que se manifiesta en la cruz es un acto único y divino: “Nunca dejaremos de admirarnos de esta verdad: ‘El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí’ (cf. Gal 2,20)”, afirma el obispo, destacando que solo desde ese amor absoluto se entiende la verdadera gloria de Dios.
En la segunda parte del Evangelio, Jesús da a sus discípulos el mandamiento del amor: “Les doy un mandamiento nuevo: que ustedes se amen unos a otros; que, como Yo los he amado, así se amen también ustedes unos a otros”. El obispo Bacarreza explica que esta novedad consiste precisamente en la medida del amor: dar la vida. “Antes del acto de entrega de su vida en la cruz… no había sido revelado un amor así”.
El amor, señala, es un don que supera nuestras capacidades humanas: “El amor no es parte de la naturaleza humana; respecto al ser humano el amor es ‘sobrenatural’ y debe recibirse como una gracia de Dios”. Por eso concluye que sin Jesús, no hay posibilidad de vivir auténticamente en el amor: “Separados de mí, nada pueden hacer” (Jn 15,5).
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Ver comentario completo25 – 2025 Pascua 5C. Jn 13,31-35
