En su comentario al Evangelio del XV Domingo del tiempo ordinario, el obispo emérito Felipe Bacarreza reflexiona sobre la parábola del Buen Samaritano, recordándonos que el amor al prójimo es el mandamiento que sostiene toda la vida cristiana y que debe ejercerse con pensamiento, corazón y misericordia.
El Evangelio de este domingo 13 de julio, tomado de Lucas 10,25-37, nos presenta una de las parábolas más conocidas y desafiantes de Jesús: la del Buen Samaritano. El obispo emérito de Santa María de Los Ángeles, Felipe Bacarreza, profundiza en este relato con una mirada que interpela la vida cotidiana y la fe auténtica.
“¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna?”, pregunta un doctor de la ley a Jesús. El obispo destaca que esta interrogante, aún vigente, va al centro de toda búsqueda espiritual. Jesús responde con otra pregunta: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?”, y el interlocutor responde con un mandamiento doble: amar a Dios con todo el corazón, alma, fuerzas y mente, y al prójimo como a uno mismo.
El obispo subraya que esta respuesta incluye un detalle muy significativo: el amor a Dios “con toda tu mente”, un énfasis que, según Bacarreza, “es necesario acentuar hoy, porque en nuestro tiempo se puede transcurrir un día entero sin ningún pensamiento para Dios”. Así, llama a cultivar también un amor racional e intencionado, no solo emocional o ritual.
Frente a la pregunta del doctor de la ley –“¿Y quién es mi prójimo?”– Jesús responde con la parábola de un hombre asaltado y abandonado, al que ignoran un sacerdote y un levita, pero que es socorrido por un samaritano. “Un samaritano, al verlo, tuvo compasión”, cita Bacarreza, recalcando que esa compasión activa es la que nos define como verdaderos discípulos del Evangelio.
Destaca que “el amor al prójimo prevalece sobre todo otro precepto”. En este sentido, critica actitudes que priorizan formalismos religiosos por sobre la misericordia, recordando las palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificio”.
Finalmente, advierte sobre una interpretación reducida del Evangelio como mera “buena noticia”. “Para que algo pueda llamarse un evangelio tiene que ser creído y operar la salvación… no se puede recibir el evangelio y quedar igual”, afirma. Invita así a vivir una fe que transforme radicalmente nuestra forma de relacionarnos con los demás, especialmente con aquellos que, como el herido del camino, están al margen.
Invitación final
🔗 Te invitamos a leer el comentario completo del obispo Felipe Bacarreza y a meditar esta semana sobre tu manera de ejercer el amor al prójimo.33 – 2025 Domingo 15C. Lc 10,25-37
