El obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y director del Consejo Directivo de Mutual Pax, Mons. Felipe Bacarreza, reflexiona sobre el Evangelio de este domingo 7 de septiembre (Lc 14,25-33), destacando la radicalidad del seguimiento de Cristo.
«Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,26). Con estas palabras, Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez invita a profundizar en una de las enseñanzas más exigentes del Evangelio, en el contexto del camino de Jesús hacia Jerusalén.
En su comentario, el obispo explica que estas expresiones deben entenderse como condiciones para la verdadera vocación de discípulo: seguir al Señor implica ponerlo en el centro de la vida, por sobre afectos, proyectos y posesiones. “Muchos empiezan el camino con entusiasmo, pero ante cualquier dificultad o privación vuelven atrás”, advierte, recordando la parábola del sembrador y la necesidad de perseverar en la fe.
Mons. Bacarreza también señala que el seguimiento de Jesús exige calcular y decidirse con firmeza, como el constructor que mide si podrá acabar su obra o el rey que sopesa si puede enfrentar la batalla. De este modo, ser discípulo no se trata solo de entusiasmo inicial, sino de una entrega consciente y perseverante.
Finalmente, el Evangelio plantea la exigencia radical de renunciar a todo para ganar a Cristo: “Todo lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo, y más aún: todo lo considero basura para ganar a Cristo” (Fil 3,8).
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