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“Todo el que se exalte será humillado y el que se humille será exaltado”

Mons. Felipe Bacarreza, presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, reflexiona sobre la enseñanza de Jesús en la parábola del fariseo y el publicano, destacando que la verdadera oración nace del corazón humilde que reconoce su necesidad de la misericordia de Dios.

En su comentario del Evangelio correspondiente al domingo 26 de octubre, el Obispo emérito de Santa María de Los Ángeles, Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, profundiza en la enseñanza de Jesús sobre la oración auténtica a partir de la parábola de los “dos hombres que subieron al templo a orar” (Lc 18,9-14).

Jesús expuso esta parábola a propósito de algunos que están convencidos en sí mismos de que son justos y desprecian a los demás”, explica el obispo, resaltando el contraste entre el fariseo —que se presenta ante Dios alabando sus propios méritos— y el publicano —que reconoce su pecado y clama por misericordia—.

Mons. Bacarreza subraya que “la oración del publicano llegó a Dios y fue grata a Él, porque reconoció que toda justicia proviene de la misericordia divina y no del propio esfuerzo”. En cambio, la actitud del fariseo, que se considera justo por sus obras, “no agradó a Dios, porque no lo reconoció como origen de todo bien”.

El obispo recuerda además que la parábola invita a revisar el modo en que cada persona se presenta ante Dios: “En la medida en que nos reconozcamos necesitados de la misericordia de Dios y la imploremos, en esa medida nuestra oración será como la del publicano y agradará al Señor”.

Finalmente, Mons. Bacarreza concluye que esta enseñanza “distingue la oración del cristiano de la del judío, porque el discípulo de Cristo ora confiando en el amor gratuito del Padre, no en sus méritos personales”.

 Puedes leer el comentario completo del Evangelio del domingo 30 del tiempo ordinario (Lc 18,9-14) en el siguiente enlace:48 – 2025 Domingo 30C. Lc 18,9-14

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