En el Evangelio del II Domingo del Tiempo Ordinario, el obispo emérito Felipe Bacarreza Rodríguez profundiza en el testimonio de Juan Bautista, quien señala a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y lo revela como el Hijo de Dios.
En este domingo 18 de enero, la Iglesia proclama el Evangelio según san Juan (Jn 1,29-34), un texto que forma parte de la llamada “semana inaugural”, en la que el evangelista presenta, día tras día, el comienzo de la misión pública de Jesús. En su comentario dominical, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, invita a profundizar en el testimonio decisivo de Juan Bautista.
El relato se sitúa “al día siguiente” del interrogatorio que las autoridades religiosas hacen a Juan, cuando intentan identificarlo con alguna de las figuras esperadas por Israel. Juan descarta ser el Mesías, Elías o el profeta, y anuncia que entre el pueblo ya se encuentra alguien mucho mayor que él.
Ese anuncio se concreta cuando Juan ve venir a Jesús y proclama: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Con esta afirmación, Juan no solo identifica a Jesús, sino que revela el sentido profundo de su misión.: «Juan se revela como un profeta señalando a Jesús como aquel a quien se refería cuando decía que el esperado ya estaba en medio del pueblo», explica el obispo Bacarreza.
El reconocimiento de Jesús no nace de una intuición humana, sino de una revelación vinculada al bautismo. Juan afirma que pudo identificarlo porque vio descender y permanecer sobre Él el Espíritu Santo, en forma de paloma.
«Al ver que el Espíritu de Dios permanecía sobre Jesús, Juan dio testimonio de que Él es el Elegido de Dios», señala el presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax.
Este título conecta directamente a Jesús con la figura del Siervo del Señor, anunciada por el profeta Isaías, aquel que cargaría con las culpas del pueblo y ofrecería su vida como un cordero llevado al sacrificio. Desde esta perspectiva se comprende plenamente la expresión “Cordero de Dios”.
«Jesús, hecho hombre, ofreció su vida en sacrificio como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo», subraya monseñor Bacarreza.
El comentario también recuerda que la tradición de la Iglesia reconoce en Jesús no solo al Siervo elegido, sino al Hijo de Dios, una verdad proclamada por la voz del cielo en el bautismo y reafirmada por el testimonio de Juan Bautista. Este misterio se hace presente cada vez que se celebra la Eucaristía, cuando resuenan las mismas palabras del Evangelio.
Así, el testimonio de Juan no queda encerrado en el pasado, sino que continúa vivo en la fe de la Iglesia, invitando a todos a reconocer en Jesús al Salvador que quita el pecado del mundo.
👉 Te invitamos a leer el Evangelio completo del II Domingo del Tiempo Ordinario y profundizar en esta reflexión en 08 – 2026 Domingo 02A, Jn 1,29-34
