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“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado”.

En el Evangelio del III Domingo del Tiempo Ordinario, monseñor Felipe Bacarreza Rodríguez reflexiona sobre el inicio del ministerio público de Jesús, su anuncio del Reino y el llamado a seguirlo como discípulos, allí donde la luz comienza a brillar en medio de las sombras.

El domingo 25 de enero, la Iglesia proclama el Evangelio según san Mateo (Mt 4,12-23), un texto que marca un momento decisivo en la vida de Jesús: el comienzo explícito de su predicación y la formación de sus primeros discípulos. En su comentario dominical, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, invita a contemplar este inicio como una verdadera irrupción de la luz de Dios en la historia.

El Evangelio se abre con una afirmación clara: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar”. Este comienzo no ocurre en Jerusalén, como muchos habrían esperado, sino en Galilea, una región sencilla y poco valorada. Mateo explica este hecho como parte del designio de Dios, anunciado ya por el profeta Isaías.

«Jesús es la luz del mundo y esa luz comenzó a expandirse desde Galilea», explica monseñor Bacarreza, recordando que allí “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz”.

La detención de Juan Bautista marca un punto de inflexión. Jesús se retira a Galilea no por temor, sino porque aún debía anunciar al mundo el Evangelio, la Palabra que salva. Solo después, cuando su misión estuviera cumplida, llegaría su “hora”.

«Si Jesús hubiera sido detenido antes de anunciar el Evangelio, el mundo no habría recibido esa fuerza de salvación para todo el que cree», señala el obispo.

En Galilea, Jesús no solo predica, sino que también llama a los primeros discípulos. Simón, Andrés, Santiago y Juan responden con prontitud, dejando redes, barca y familia para seguirlo. No siguen a un desconocido, sino a alguien a quien ya conocían y en quien confían plenamente.

«La lección del Maestro no era un discurso, sino su propia vida, y por eso los discípulos debían seguirlo», destaca el presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax.

El Evangelio concluye con un resumen de la actividad de Jesús: enseñar, proclamar el Evangelio del Reino y sanar toda enfermedad. Monseñor Bacarreza subraya que el “Evangelio” no es solo una noticia, sino una fuerza viva de Dios que suscita fe y testimonio, y que el “Reino” no es un lugar, sino la presencia misma de Jesucristo en medio del mundo.

«El Reino de los Cielos se identifica con una sola realidad: la Persona de Jesucristo», afirma.

En este III Domingo del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra además el Domingo de la Palabra de Dios, recordando que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y que cada domingo estamos invitados a un encuentro vivo con Cristo en la Eucaristía.

👉 Te invitamos a leer el Evangelio completo del III Domingo del Tiempo Ordinario y profundizar en esta reflexión09 – 2026 Domingo 03A. Mt 4,12-23

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