Saltar al contenido

“Alégrense y regocíjense”: la verdadera felicidad según las bienaventuranzas

En su comentario al Evangelio del IV Domingo del Tiempo Ordinario, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, reflexiona sobre las bienaventuranzas y nos invita a descubrir que la felicidad auténtica no está en los bienes de este mundo, sino en Dios.

Este domingo 1 de febrero, la Iglesia proclama el Evangelio según san Mateo (Mt 4,25–5,12), conocido como el inicio del Sermón del Monte, donde Jesús dirige su enseñanza a una gran multitud y comienza con una palabra que interpela profundamente al corazón humano: “bienaventurados”, es decir, felices.

En su reflexión, mons. Felipe Bacarreza explica que Jesús apela a un anhelo universal: la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, su respuesta resulta sorprendente, pues declara bienaventurados a quienes no parecen triunfar según los criterios del mundo: los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia y los perseguidos por causa del bien.

“Jesús parece referirse a los que no tienen éxito ni triunfan en este mundo”, señala el obispo, destacando que esta enseñanza rompe con la idea de que la felicidad está ligada al éxito, al poder o a la posesión de bienes materiales.

El presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax subraya que esta enseñanza es revelada y profundamente cristiana. La verdadera felicidad, afirma, no consiste en gozar de los bienes pasajeros de este mundo, ya que estos no son eternos y, cuando se absolutizan, terminan esclavizando y amargando el corazón humano.

“La felicidad verdadera la vamos a encontrar solamente en Dios, que es el Bien infinito y eterno”, afirma mons. Bacarreza, explicando que quienes confían en Él ya participan, incluso en este mundo, de la felicidad eterna en esperanza.

El obispo recurre a la figura del profeta Jeremías para ejemplificar esta verdad. A pesar de los sufrimientos, persecuciones y burlas que experimentó, su vida estuvo marcada por una profunda experiencia de Dios, capaz de darle sentido incluso al dolor.

Al explicar las palabras de Jesús “Alégrense y regocíjense, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo”, mons. Bacarreza enfatiza que la fe permite vivir las dificultades con esperanza, como quien soporta con alegría las molestias de un viaje sabiendo que el destino es un encuentro de amor.

Finalmente, el comentario conduce la mirada hacia Jesucristo, quien da respuesta definitiva a la pregunta por el sufrimiento del justo. “Él es el Justo y, sin embargo, sufrió hasta la muerte de cruz”, recuerda el obispo, señalando que ese sufrimiento es el mayor acto de amor y, por tanto, la plenitud de la felicidad.

“Jesús dijo estas cosas para que su gozo esté en nosotros y nuestro gozo sea colmado”, concluye, invitando a vivir las bienaventuranzas desde la fe, como camino hacia la vida eterna que ya comienza en este mundo.

Te invitamos a leer el Evangelio completo de este domingo y a profundizar en esta reflexión que nos anima a poner nuestra confianza en Dios, fuente de la verdadera felicidad.

10 – 2026 Domingo 04A, Mt 5,1-12a

Ir al contenido