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Jesús vence la tentación: la fidelidad que nos salva

En el Evangelio de este primer domingo del tiempo cuaresmal, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez reflexiona sobre la tentación de Cristo en el desierto y nos recuerda que fue la fuerza de su amor la que lo sostuvo hasta la cruz.

En su comentario al Evangelio de este domingo 22 de febrero de 2026, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, profundiza en el sentido de las tentaciones de Jesús en el desierto y en la enseñanza que ellas dejan para nuestra vida cristiana.

El obispo explica que este pasaje tiene una doble finalidad: revelar que Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, fue sometido a la tentación, y enseñarnos cómo vencerla.

“El Evangelio de este Domingo I de Cuaresma tiene la doble finalidad de revelarnos que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, a semejanza nuestra, fue también sometido a la tentación y de enseñarnos a nosotros, a semejanza suya, cómo vencer la tentación”, señala.

Puestos a prueba

Mons. Bacarreza explica que el verbo griego utilizado en el texto evangélico —peirazo— tiene un doble significado: poner a prueba e inducir al pecado. En el caso de Jesús, es el Espíritu quien lo conduce al desierto para ser probado, mientras que es el diablo quien intenta inducirlo a pecar.

Cristo, a diferencia del pueblo de Israel en el desierto, permanece absolutamente fiel.

“Nadie, excepto el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, puede decir con verdad: ‘Tientame, Señor, y ponme a prueba’. Él fue puesto a prueba por Dios y resultó absolutamente fiel; Él llenó la complacencia de Dios”, afirma.

Esa fidelidad, explica el obispo, es la que nos justifica. No confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en la fidelidad de Cristo.

Las tentaciones de hoy

El comentario también aborda las tres tentaciones presentadas por el Evangelio: el uso del poder para beneficio propio, la ostentación y la ambición de dominio y riqueza.

Al referirse a la tercera tentación —adorar a Satanás a cambio de los reinos del mundo— advierte que esta realidad sigue presente en nuestra sociedad:

“Por afán de dinero y de la gloria tenebrosa que éste concede, muchos ceden a la corrupción, al tráfico de droga, al crimen organizado; en resumen, adoran a Satanás”.

Frente a estas realidades, Jesús responde con firmeza: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto”.

La fuerza del amor

El obispo culmina su reflexión recordando que la fidelidad de Cristo alcanzó su plenitud en la cruz. Incluso cuando fue desafiado a bajar de ella, Jesús permaneció fiel por amor.

“Jesús no bajó de la cruz por amor a su Padre y por amor a nosotros, enseñándonos así que el amor es la fuerza que nos concede permanecer fieles a la voluntad de Dios en la prueba y en la tentación”.

Y citando al Papa Pío XII, añade:

“A Jesucristo más lo clavó a la cruz la vehemencia interior de su amor que la violencia exterior de sus verdugos”.

En este inicio del tiempo cuaresmal, el Evangelio del domingo 22 de febrero de 2026 nos invita a contemplar a Cristo en el desierto y a confiar no en nuestras propias fuerzas, sino en su fidelidad, que es fuente de salvación para toda la humanidad.

👉 Invitamos a leer el Evangelio completo de este domingo (Mt 4,1-11) y a meditar esta profunda enseñanza que nos prepara para el camino hacia la Pascua.

13 – 2026 Cuaresma 1A. Mt 4,1-11

 

 

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