En el III Domingo de Cuaresma (Jn 4,5-42), mons. Felipe Bacarreza Rodríguez reflexiona sobre el encuentro de Jesús con la mujer samaritana y destaca cómo la gracia de Dios puede transformar una vida y abrir el camino de la fe para muchos.
En su comentario al Evangelio del III Domingo de Cuaresma, correspondiente al 8 de marzo de 2026 (Jn 4,5-42), mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, profundiza en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, un episodio que revela la identidad de Cristo y muestra cómo la fe nace del encuentro con Él.
El obispo explica que el Evangelio presenta un hecho sorprendente: Jesús decide pasar por Samaría, a pesar de que los judíos evitaban ese territorio debido a la hostilidad entre ambos pueblos.
“Esta ‘necesidad’ que siente Jesús de pasar por Samaría responde a su misión de ser verdaderamente el Salvador del mundo; y no sólo de los judíos”, señala.
Un diálogo que revela quién es Jesús
El encuentro comienza con un gesto inesperado. Jesús, cansado del camino, pide de beber a una mujer samaritana. La escena resulta insólita para la época, pues “los judíos no se hablaban con los samaritanos”, y además no era habitual que un hombre hablara con una mujer desconocida en público.
A partir de ese momento se desarrolla un diálogo profundo en el que Jesús conduce a la mujer a descubrir quién es Él. Le habla de un “agua viva” capaz de saciar la sed más profunda del ser humano.
“Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que Yo le daré no tendrá sed jamás”, explica Jesús en el Evangelio.
La gran revelación
El diálogo alcanza su punto culminante cuando la mujer menciona la esperanza en el Mesías. Entonces Jesús pronuncia una revelación extraordinaria:
“Yo soy, el que está hablando contigo”.
Mons. Bacarreza destaca que esta declaración, en la que Jesús revela abiertamente su identidad como el Cristo, es pronunciada nada menos que ante una mujer samaritana.
“Esa anónima mujer samaritana escuchó de labios de Jesús la declaración de la verdad: ‘Yo soy el Cristo’, el que tenía que venir; y creyó”, explica el obispo.
De un encuentro personal a la fe de todo un pueblo
Tras ese diálogo, la mujer corre a anunciar lo ocurrido a los habitantes de su ciudad. Gracias a su testimonio, muchos samaritanos se acercan a Jesús y creen en Él.
“Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer”, relata el Evangelio.
Después de escuchar directamente a Jesús, los habitantes de Sicar llegan a una confesión de fe que expresa el corazón del mensaje cristiano:
“Sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo”.
Escuchar, creer y conocer
En su reflexión, mons. Bacarreza subraya que este episodio muestra el camino de la fe cristiana: primero escuchar, luego creer y finalmente conocer.
“La fe viene de la escucha, y la escucha, de la Palabra de Cristo”, recuerda citando la enseñanza de san Pablo.
Por ello destaca la importancia de centrar siempre la predicación en la Palabra de Cristo, que es la que suscita la fe en el corazón humano.
Un encuentro que es pura gracia
El obispo concluye señalando que la conversión de la mujer samaritana y de su pueblo fue obra de la gracia de Dios. Aquella mañana, la mujer no imaginaba que su vida cambiaría completamente.
“Ese encuentro fue pura gracia y la conversación la inició Jesús”, afirma.
En este tiempo de Cuaresma, el Evangelio invita a reconocer que cada encuentro con Cristo puede transformar la vida y abrir el camino hacia la fe.
👉 Te invitamos a leer el comentario completo del Evangelio 15 – 2026 Cuaresma 3A. Jn 4,5-42
