La cápsula de autocuidado de marzo elaborada por el psicólogo Leonardo Castillo invita a los sacerdotes a reconocer la importancia de cuidar su salud mental como una forma de proteger su vocación y sostener su misión pastoral en el tiempo.
El ministerio sacerdotal implica una profunda entrega al servicio de los demás. Acompañar el sufrimiento humano, sostener comunidades y estar disponible permanentemente para quienes buscan orientación espiritual son parte esencial de esta vocación. Sin embargo, esta misma entrega puede generar una alta carga emocional que, si no se cuida adecuadamente, puede afectar la salud mental y el bienestar personal.
En la cápsula de autocuidado correspondiente al mes de marzo, el psicólogo Leonardo Castillo aborda el tema “Cuidar al que cuida: el autocuidado sacerdotal como acto de responsabilidad pastoral”, invitando a reflexionar sobre la importancia de atender también la propia vida emocional.
“El ministerio sacerdotal implica una alta carga emocional, una disponibilidad permanente y una exposición constante al sufrimiento humano. Por eso, cuidar la salud mental no es un acto egoísta; es una forma concreta de proteger la misión y sostener la vocación en el tiempo”, explica el especialista.
Entre las señales de alerta que no deben ignorarse se encuentran el cansancio persistente que no mejora con el descanso, irritabilidad frecuente, dificultades para concentrarse en la oración o en la celebración de la misa, problemas de sueño, desánimo o una sensación creciente de aislamiento. “Estas señales no indican debilidad espiritual; son señales humanas que requieren atención y cuidado”, señala Castillo.
La cápsula propone tres pilares fundamentales para el autocuidado sacerdotal. El primero es la higiene del descanso, que incluye mantener horarios regulares de sueño y evitar actividades que dificulten el descanso adecuado. El segundo consiste en resguardar espacios personales no negociables, como momentos semanales sin agenda pastoral, actividad física moderada o encuentros fraternos sin el rol ministerial. El tercero es fortalecer una red fraterna real, que permita conversar con honestidad y pedir ayuda cuando sea necesario.
El psicólogo también advierte sobre los riesgos silenciosos del desgaste pastoral. Cuando el agotamiento no se aborda, pueden aparecer fenómenos como la despersonalización, la pérdida del entusiasmo ministerial o incluso dudas vocacionales que en realidad están asociadas al cansancio acumulado.
“El cuidado personal también es parte del compromiso sacerdotal. Un sacerdote que se preocupa por su salud mental puede escuchar mejor, discernir con mayor claridad y acompañar a otros sin agotarse”, afirma.
La reflexión concluye con una invitación clara: “Así como cuida el altar, cuide también su corazón, su mente y su cuerpo. Su humanidad es instrumento de su ministerio”, recuerda Leonardo Castillo.
