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Comentario del Evangelio: 15 de Marzo: “Sé en quién he creído”

El relato del ciego de nacimiento revela cómo el encuentro con Cristo conduce a la fe y a la verdadera iluminación del corazón.

En el Evangelio del IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41), mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, profundiza en el significado del signo realizado por Jesús al devolver la vista a un hombre ciego de nacimiento. Más que un milagro físico, el episodio muestra el camino interior que conduce al reconocimiento de Jesús y a la confesión de fe en Él.

El obispo explica que este relato fue utilizado desde los primeros siglos del cristianismo como una verdadera catequesis para quienes se preparaban a recibir el Bautismo. “La curación del ciego de nacimiento es uno de los muchos signos que hizo Jesús, que fue escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan Vida en su Nombre”, recuerda.

La luz que viene de Cristo

En el centro del relato se encuentra un hombre que nunca ha visto la luz. Jesús, al encontrarlo, realiza un gesto simbólico: hace barro, lo pone sobre sus ojos y le pide que se lave en la piscina de Siloé. Después de obedecer, el hombre vuelve viendo.

Este signo, explica mons. Bacarreza, expresa la relación entre el Bautismo y la iluminación espiritual. Los primeros cristianos llamaban al Bautismo “iluminación”, porque a través de él la persona recibe la luz de Cristo.

“Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”, dice Jesús en el Evangelio, manifestando que su presencia trae una luz capaz de transformar la vida humana.

La fe que se confiesa

El relato continúa mostrando el proceso interior del hombre curado, quien poco a poco reconoce la identidad de Jesús. Primero lo llama simplemente “ese hombre que se llama Jesús”, luego lo reconoce como profeta y finalmente lo confiesa como Señor.

Cuando es interrogado por las autoridades religiosas, el hombre declara con sencillez una verdad incontestable:

“Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo”.

El obispo subraya que esta afirmación expresa la experiencia fundamental de la fe: el encuentro personal con Cristo que transforma la vida.

Discípulo de Jesús

Mientras los padres del hombre temen las consecuencias de reconocer a Jesús, él da un paso más y se declara discípulo suyo. Por esta razón es expulsado de la sinagoga.

Pero ese rechazo abre el camino a un encuentro decisivo. Jesús lo busca y le pregunta:

“¿Crees tú en el Hijo del hombre?”

Ante la explicación del Señor, el hombre responde con una confesión plena de fe:

“Creo, Señor”.

Un camino de iluminación

Mons. Bacarreza señala que este proceso refleja el camino que recorre todo creyente: escuchar la Palabra, creer y finalmente conocer a Cristo.

“La fe viene de la escucha, y la escucha, de la Palabra de Cristo”, recuerda el obispo citando la enseñanza de san Pablo.

El Evangelio concluye con una enseñanza decisiva de Jesús: su venida provoca un discernimiento entre quienes reconocen su necesidad de luz y quienes creen no necesitarla.

Así, el ciego de nacimiento se convierte en figura de todos los que acogen a Cristo y descubren en Él la verdadera luz que ilumina la vida.

Te invitamos a leer el comentario completo del Evangelio aquí 16 – 2026 Cuaresma 4A. Jn 9,1-41

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