En el V Domingo de Cuaresma (Jn 11,1-45), la Iglesia contempla la resurrección de Lázaro como un signo que revela el poder de Cristo sobre la muerte y llama a renovar la fe en Él.
En su comentario al Evangelio de este domingo, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, profundiza en el relato de la resurrección de Lázaro como el último de los grandes signos realizados por Jesús en el Evangelio de Juan.
El obispo explica que este episodio forma parte de un camino pedagógico de fe que la Iglesia propone especialmente en Cuaresma, junto a los relatos de la samaritana y del ciego de nacimiento, como preparación para los sacramentos de iniciación cristiana.
Un signo que conduce a la fe
Más allá del hecho extraordinario de devolver la vida a un muerto, el relato tiene un sentido más profundo. “Estos signos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su Nombre”, recuerda el obispo, citando el Evangelio.
En este contexto, la experiencia de Marta se vuelve central. Ante la muerte de su hermano, ella expresa una fe que va creciendo en el diálogo con Jesús.
“Yo soy la resurrección y la vida”
Uno de los momentos más significativos del relato es la declaración de Jesús:
“Yo soy la resurrección y la vida”.
Con estas palabras, el Señor revela que la vida plena no es solo una promesa futura, sino una realidad que comienza en quien cree en Él. “El que cree en mí, aunque muera, vivirá”, afirma Jesús, invitando a una confianza total en su poder sobre la muerte.
La confesión de fe
El diálogo alcanza su punto culminante cuando Jesús interpela directamente a Marta: “¿Crees esto?”. Su respuesta es una de las confesiones más completas del Evangelio:
“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”.
Mons. Bacarreza destaca que esta fe es un don de Dios, que puede crecer, pero también vacilar, como se ve en la misma Marta ante la orden de quitar la piedra del sepulcro.
La gloria de Dios se manifiesta
A pesar de la duda inicial, la obediencia abre paso al signo. Jesús ora al Padre y llama al difunto:
“¡Lázaro, sal fuera!”.
El muerto sale del sepulcro, manifestando que Cristo tiene poder sobre la vida y la muerte. Este signo provoca la fe en muchos de los presentes:
«Muchos de los judíos que habían venido… creyeron en Él”.
Sin embargo, también provoca rechazo en otros, mostrando que la fe sigue siendo un don que puede ser acogido o rechazado.
Un llamado a creer
El obispo concluye recordando que el signo más grande es la propia resurrección de Jesús, fundamento de la esperanza cristiana.
“Si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Él”, señala, citando a san Pablo.
En este tiempo de Cuaresma, el Evangelio invita a renovar la fe en Cristo, que es la resurrección y la vida, y a confiar en su promesa de vida eterna.
👉 Te invitamos a leer el comentario completo del Evangelio 17 – 2026 Cuaresma 5A. Jn 11,1-45
