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“Ustedes han sido redimidos con una sangre preciosa”

Con la celebración del Domingo de Ramos, la Iglesia da inicio a la Semana Santa, contemplando la entrada de Jesús en Jerusalén y el misterio de su pasión y muerte.

En su comentario al Evangelio de este domingo, mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, obispo emérito de Santa María de Los Ángeles y presidente del Consejo Directivo de Mutual Pax, invita a comprender el profundo significado de la entrada de Jesús en Jerusalén, gesto que marca el inicio del camino hacia la cruz.

El obispo explica que Jesús realiza este ingreso con una clara intención: manifestarse como Rey, pero de un modo distinto al poder humano. Montado en un asno, cumple la profecía y revela su identidad en humildad.

Un Rey manso que va al sacrificio

El relato evangélico muestra a Jesús entrando en Jerusalén entre aclamaciones del pueblo, que lo reconoce como el “Hijo de David” y lo recibe con ramos y mantos en el camino.

“De esta manera el evangelista adelanta que Jesús, como un cordero, será llevado al sacrificio”, señala mons. Bacarreza, destacando el sentido profundo de este gesto.

La liturgia de este día une esa entrada triunfal con la proclamación de la Pasión, mostrando que el mismo que es aclamado como rey será entregado y crucificado.

El reconocimiento incompleto

Mientras quienes acompañan a Jesús lo aclaman, en Jerusalén surge una pregunta clave:

“¿Quién es Éste?”

Según explica el obispo, muchos reconocen en Él a un profeta, pero aún no alcanzan la verdad plena sobre su identidad.

“La gente emite la opinión más favorable que conoce, pero les falta dar el paso a la verdad completa”, afirma, recordando la confesión de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.

El camino hacia la cruz

Jesús entra en Jerusalén sabiendo lo que ocurrirá. Él mismo había anunciado a sus discípulos su destino:“ El Hijo del hombre será entregado… lo condenarán a muerte… lo crucificarán, y al tercer día resucitará”.

Este camino culmina en la entrega total de su vida, anticipada en la Última Cena:“Esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes… Esta es mi Sangre, que será derramada por muchos”.

Redimidos por su amor

El obispo concluye recordando el sentido más profundo de estos acontecimientos: la salvación de la humanidad por medio del amor de Cristo.

“Han sido redimidos… no con algo caduco, sino con una sangre preciosa, como de cordero incontaminado: Cristo”.

En este inicio de la Semana Santa, la Iglesia invita a contemplar estos misterios y a reconocer el amor con que Jesús entregó su vida por nosotros.

Te invitamos a leer el comentario completo del Evangelio en 18 – 2026 Ramos A. Mt 21,1-11

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