En su comentario al Evangelio de este domingo (Mt 10,37-42), Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez reflexiona sobre una de las enseñanzas más exigentes de Jesús: amar al Señor por sobre cualquier otro afecto cuando estos entren en conflicto con el seguimiento del Evangelio.
El obispo explica que las palabras de Cristo no invitan a disminuir el amor por la familia o por la propia vida, sino a reconocer que la amistad con Él debe ocupar siempre el primer lugar. Cuando esa amistad exige una decisión difícil, el discípulo está llamado a permanecer fiel.
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.»
A lo largo de su reflexión, Mons. Bacarreza destaca que la amistad con Cristo no es un mérito humano, sino un don gratuito de Dios. Por ello, el llamado del Evangelio es a acoger esa gracia, agradecerla y vivir de manera coherente con ella.
El comentario también profundiza en la misión de los apóstoles y de todos quienes anuncian el Evangelio. Jesús establece una estrecha identificación entre Él y quienes envía, recordando que recibir a sus discípulos es recibir al mismo Señor.
«Quien a ustedes recibe, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.»
Finalmente, el obispo recuerda que toda colaboración con la misión de la Iglesia, incluso la más sencilla, tiene un valor inmenso a los ojos de Dios. Un gesto tan simple como ofrecer un vaso de agua realizado por amor a Cristo adquiere una dimensión eterna.
«El que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, no perderá su recompensa.»
Te invitamos a leer el comentario completo de Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez y profundizar en el mensaje del Evangelio de este XIII Domingo del Tiempo Ordinario.31 – 2026 Domingo 13A, Mt 10,37-42 (1)
